Las hemorroides se clasifican en función de su ubicación o de su severidad. Según su ubicación pueden ser de dos tipos: hemorroides internas, si aparecen en el interior del ano y hemorroides externas, cuando se encuentran alrededor del ano. Según la severidad de las hemorroides internas, se clasifican desde los grados más leves (grado I) a los más graves (grado IV).
Las hemorroides internas y externas se diferencian, además de en el lugar donde se encuentra, en los síntomas que presentan y en la gravedad que revisten.

Las Hemorroides externas son aquellas que pueden apreciarse a simple vista, pues se sitúan por debajo de la línea dentada, en el borde exterior del ano.
Los síntomas típicos que presentan son:
Para el alivio y la mejora de los síntomas producidos por las hemorroides externas hay varios métodos que se pueden utilizar.
Cuando se observa un trombo en los alrededores del ano y se acompaña de dolor frente a la presión, es que la hemorroide se ha trombosado. Este hecho se produce por la formación de un coágulo de sangre y provoca un dolor intenso y repentino.

Las Hemorroides internas se encuentran ubicadas dentro del conducto anal, situándose dentro de la zona dentada, entre 2-4 cm por encima del ano.
No suelen presentar las molestias típicas de las hemorroides externas, de hecho su síntoma más característico es la presencia de sangrado ligero después de la evacuación, unas gotitas en el papel higiénico o inodoro de color rojo brillante. A pesar de ser menos incómodas, su tratamiento es mucho más complejo. Además, pueden llegar a prolapsarse, salirse a través del conducto anal, provocando dolor y otras posibles molestias como escozor e irritación.
Ya que no se observan a simple vista, el diagnóstico debe realizarlo un médico a través de un análisis rectal digital (ARD) o usando un proctoscopio, que es un tubo hueco provisto de luz.
Las hemorroides internas se clasifican en 4 tipos según su grado de severidad.




La hemorroide no se prolapsa y no es visible a simple vista. El tratamiento está basado en la realización de baños de asiento con agua tibia entre 2-3 veces al día, sumergiendo la zona a tratar durante 10 minutos. También se emplean soluciones farmacológicas, como es el uso de pomadas y supositorios.
La hemorroide se prolapsa a través del ano durante los esfuerzos de la defecación, desapareciendo por sí misma al terminar. El tratamiento es el mismo que para las hemorroides en Grado I.
La hemorroide se prolapsa por el canal anal durante el esfuerzo producido en el proceso de defecación y al terminar requiere de maniobras de reducción manual para volver al interior. Una sensación habitual es la de sentir que cuelga algo del recto. El tratamiento suelen ser ligadura con banda elástica o escleroterapia para conseguir que la hemorroide se encoja y finalmente se desprenda.
La hemorroide se prolapsa de forma continua, o se reproduce tras la maniobra de reducción. Las hemorroides de esta severidad suelen ser grandes y permanecer fuera del ano. El tratamiento recomendado es la cirugía como láser o crioterapia. En casos más complejos se recomienda una cirugía convencional.
Bibliografía:
https://www.elsevier.es/es-revista-gastroenterologia-hepatologia-14-articulo-guia-practica-clinica-sobre-el-S0210570508758151
https://fascrs.org/patients/diseases-and-conditions/a-z/hemorroides
https://www.mayoclinic.org/es es/diseases-conditions/hemorrhoids/symptoms-causes/syc-20360268